
Amigos, mis visitas van a ser semanales, al menos por ahora, mi cuerpo serrano se ha de habituar al nuevo trabajo y su horario, el hecho que me pase todo el día delante de una pantalla, hace que cuando llego a mi queridísima habitación no tenga ganas de encender este aparatito que me une a vosotros, me apena, pues disfruto mucho, pero he de cuidarme.
Eso sí como he dicho muchas veces y seguiré diciendo vosotros me habéis ayudado mucho, más de lo que pensáis, mucho más, cada uno de vosotros me ha dado una bocanada de aire puro para poder seguir adelante, y…amigos lo he conseguido. He salido adelante, después de dos años puedo decir que seguiré adelante, hubo momentos que dude, y….seguro que volveré a dudar, pero la duda será mínima, gracias a vosotros.
Irlanda, la mujer que intenta poner cuando puede y su ánimo lo permite una sonrisa a las cosas que le pasa cada día, seguirá adelante, y tanto, vaya una que habéis conseguido hacer entre todos vosotros.
Como diría mi querido Capitán Tormentas empiezo una nueva singladura, sí, y no de manos de un príncipe azul, si no de un sencillo, amable y querido patrón de velero, donde el hecho de estar juntos robándole horas al tiempo nos llena más que todo lo que el dinero pueda comprar.
Y ya que hablamos de capitanes y patrones de barco, os cuento la ultima anécdota que sucedió en mi trabajo anterior.
Como sabéis daba información.
Bueno, pues el último sábado que trabajé, la tarde iba tranquila, cuando una mujer llamó y me pidió como ir de una parte de mi ciudad a otra, llamada bastante lógica, podían haberla llamado para quedar y estar en medio de la calle y no saber cómo ir, le di la información indicada.
Al cabo de hora y media más o menos, no conté los minutos, por más que a mí me contaban hasta los segundos que respiraba, llamó un Sr, que se había perdido, había salido de una ciudad y quería llegar a otra, estaba en una carretera nacional y no encontraba la entrada a su lugar de destino.
Una llamada también normal, el hombre se había dejado la guía Michelin o CAMPSA, la que fuere, encima de la mesa.
Yo muy amablemente le indiqué que en menos de 20 minutos mi compañero (supervisor), le llamaría y le indicaría el camino a seguir, más que nada que por más que yo me puse el mapa de carreteras y visualizaba las dos ciudades, no encontraba la carretera nacional que él me apuntaba.
El hombre agradecido me dio las gracias y yo pasé a dar parte, en menos de 10 minutos mi compañero lo llamaba y lo guiaba hacia su destino.
Cuando acabó mi horario laboral y ya estaba recogiendo yo mis cosas y me despedía de mis compañeros y les agradecía tanto a tele operadores como coordinadores y supervisores, los momentos tan buenos que habíamos pasado trabajando juntos, una de mis ya "antiguas" compañeras se puso de pie.
Cuando algo era urgente o increíble nos levantábamos del asiento como si nos hubieran pinchado en el trasero, poníamos el mute y dábamos la voz de alarma.
Mi joven amiga gritó: tengo una mujer perdida en medio del mar….
Todos nos dirigimos a ella y dijimos: ¡ANDA, YA!
Ella, con su suave voz, nos comunicó que no era una broma, que la mujer estaba llorando desesperadamente.
En segundos ella conectó para tranquilizar a la mujer, un coordinador se puso en el ordenador a buscar a los guardacostas que correspondía la zona, y el supervisor se conecto al teléfono de la llamada entrante para que todo fuera sobre ruedas.
Me fui hacia el ascensor, sonriendo, pensando que como alguien en medio del mar se podía acordar de nuestro número y no del de urgencias.
Pero también con lágrimas en los ojos por haber trabajado tan a gusto con aquellas personas, que muchas veces recibían y reciben insultos de quien llama, porque no encontraban o encuentran un teléfono o dirección y la llamada se alargaba o se alarga.
Pero que más de una vez tranquilizaron y sé que tranquilizaran a mujeres maltratadas, a menores perdidos, a personas mayores desesperadas por que no entendían alguna pequeñez.
Sus voces amables , su profesionalidad, su saber estar, estaba y está por encima del relojito que nos median las llamadas, …no eran, ni son robots, eran y son, ante todo personas, buenas personas que cuando entraban y entran llamadas como las dichas anteriormente, lo único que importaba e importa, era y es el tic-tac del corazón.
Los echaré de menos.
Y ahora Capitán Pere empiezo una nueva singladura…contigo.
Eso sí como he dicho muchas veces y seguiré diciendo vosotros me habéis ayudado mucho, más de lo que pensáis, mucho más, cada uno de vosotros me ha dado una bocanada de aire puro para poder seguir adelante, y…amigos lo he conseguido. He salido adelante, después de dos años puedo decir que seguiré adelante, hubo momentos que dude, y….seguro que volveré a dudar, pero la duda será mínima, gracias a vosotros.
Irlanda, la mujer que intenta poner cuando puede y su ánimo lo permite una sonrisa a las cosas que le pasa cada día, seguirá adelante, y tanto, vaya una que habéis conseguido hacer entre todos vosotros.
Como diría mi querido Capitán Tormentas empiezo una nueva singladura, sí, y no de manos de un príncipe azul, si no de un sencillo, amable y querido patrón de velero, donde el hecho de estar juntos robándole horas al tiempo nos llena más que todo lo que el dinero pueda comprar.
Y ya que hablamos de capitanes y patrones de barco, os cuento la ultima anécdota que sucedió en mi trabajo anterior.
Como sabéis daba información.
Bueno, pues el último sábado que trabajé, la tarde iba tranquila, cuando una mujer llamó y me pidió como ir de una parte de mi ciudad a otra, llamada bastante lógica, podían haberla llamado para quedar y estar en medio de la calle y no saber cómo ir, le di la información indicada.
Al cabo de hora y media más o menos, no conté los minutos, por más que a mí me contaban hasta los segundos que respiraba, llamó un Sr, que se había perdido, había salido de una ciudad y quería llegar a otra, estaba en una carretera nacional y no encontraba la entrada a su lugar de destino.
Una llamada también normal, el hombre se había dejado la guía Michelin o CAMPSA, la que fuere, encima de la mesa.
Yo muy amablemente le indiqué que en menos de 20 minutos mi compañero (supervisor), le llamaría y le indicaría el camino a seguir, más que nada que por más que yo me puse el mapa de carreteras y visualizaba las dos ciudades, no encontraba la carretera nacional que él me apuntaba.
El hombre agradecido me dio las gracias y yo pasé a dar parte, en menos de 10 minutos mi compañero lo llamaba y lo guiaba hacia su destino.
Cuando acabó mi horario laboral y ya estaba recogiendo yo mis cosas y me despedía de mis compañeros y les agradecía tanto a tele operadores como coordinadores y supervisores, los momentos tan buenos que habíamos pasado trabajando juntos, una de mis ya "antiguas" compañeras se puso de pie.
Cuando algo era urgente o increíble nos levantábamos del asiento como si nos hubieran pinchado en el trasero, poníamos el mute y dábamos la voz de alarma.
Mi joven amiga gritó: tengo una mujer perdida en medio del mar….
Todos nos dirigimos a ella y dijimos: ¡ANDA, YA!
Ella, con su suave voz, nos comunicó que no era una broma, que la mujer estaba llorando desesperadamente.
En segundos ella conectó para tranquilizar a la mujer, un coordinador se puso en el ordenador a buscar a los guardacostas que correspondía la zona, y el supervisor se conecto al teléfono de la llamada entrante para que todo fuera sobre ruedas.
Me fui hacia el ascensor, sonriendo, pensando que como alguien en medio del mar se podía acordar de nuestro número y no del de urgencias.
Pero también con lágrimas en los ojos por haber trabajado tan a gusto con aquellas personas, que muchas veces recibían y reciben insultos de quien llama, porque no encontraban o encuentran un teléfono o dirección y la llamada se alargaba o se alarga.
Pero que más de una vez tranquilizaron y sé que tranquilizaran a mujeres maltratadas, a menores perdidos, a personas mayores desesperadas por que no entendían alguna pequeñez.
Sus voces amables , su profesionalidad, su saber estar, estaba y está por encima del relojito que nos median las llamadas, …no eran, ni son robots, eran y son, ante todo personas, buenas personas que cuando entraban y entran llamadas como las dichas anteriormente, lo único que importaba e importa, era y es el tic-tac del corazón.
Los echaré de menos.
Y ahora Capitán Pere empiezo una nueva singladura…contigo.